Patatas Bravas

Las tapas forman parte ya de nuestra cultura gastronómica mediterránea. La que mejor define nuestra aficción al «tapeo» son las Patatas Bravas, o como ya directamente se les denomina, Bravas.

Son perfectas para acompañar con un cerveza, un vermut o una copa de vino, ideales para calmar el clásico picante que acompaña a este plato. Suele considerarse una de las tapas más baratas debido al bajo coste de sus ingredientes, pero de las importantes para que el cliente vuelva.

El origen de las Bravas, como el de otras especialidades culinarias, no está muy claro, hay quien lo atribuye a «Casa Pellico» y otros dicen que se empezó a servir en «La Casona». Ambos bares madrileños ya desaparecidos. Lo que sí es cierto, es que fue en Madrid, sobre el año 1960, y que las colas alrededor de estos dos bares, sólo para probar las patatas bravas, fueron famosas.

Cada restaurante o bar tiene su propia receta secreta. Pero la mayoría coinciden en la preparación de las patatas. Debemos cortarlas en dados irregulares de unos 3 cm de tamaño aproximadamente. Las freímos en abundante aceite de oliva virgen, a temperatura media primero, y posteriormente a temperatura fuerte, para dar un punto dorado a las patatas, y conseguir que queden crujientes por fuera y tiernas en su interior.

Cuando estén bien doradas las colocamos en un papel absorbente para quitarles el exceso de aceite. Las colocamos en un plato y las regamos con una ración generosa de nuestra salsa brava por encima y ya están listas para servir. En algunas regiones se sirven añadiendo salsa alioli.

En una recopilación mundial de recetas de patatas, realizada por las Naciones Unidas, se incluye una receta de las patatas bravas como un plato típicamente español.​

United Nations, (2008), Potato Around the World in 200 Recipes: An International Cookbook, United Nations Publications, pág. 222.


Deja un comentario

{"cart_token":"","hash":"","cart_data":""}